Hay obras que nacen de una idea clara y otras que surgen del propio material. DelaTierra pertenece a este segundo grupo. No empezó como un paisaje ni como una composición definida, sino como una prueba de capas que terminó encontrando su forma. Trabajé la pieza como si fuera terreno acumulado: una superposición de tiempos, densidades y gestos que terminan construyendo una especie de geología íntima.


Imagen satélite de estratos geológicos y DelaTierra
Capas que funcionan como estratos
Me interesaba que cada franja tuviera su propio peso.
La parte inferior quedó más expansiva, casi acuática, como un mar tranquilo que empuja hacia arriba. La zona central, más densa, funciona casi como un estrato sedimentado, donde el mortero se abre y se cierra según su propio ritmo. En la parte superior dejé espacio para algo ligero, un aire de cielo que respira más que el resto.
No es un paisaje literal, pero sí una lectura vertical que recuerda a la manera en que la tierra acumula memoria: capa a capa, sin prisa y sin simetría perfecta.
Mortero y acuarela: dos tiempos que se encuentran
El mortero de cal marca la estructura.
No le pido que obedezca: dejo que abra grietas donde quiere, que forme relieves pequeños, que genere sus propias tensiones. La acuarela, en cambio, trae lo opuesto: ligereza, transparencia y un punto de azar. Se cuela por los huecos del mortero, se detiene en zonas inesperadas y suaviza lo que la capa anterior había endurecido.
Ese encuentro entre lo rugoso y lo fluido es lo que sostiene la obra. Ninguna de las dos técnicas manda; simplemente conviven.
Color como lugar, no como decoración
La armonía del color no fue un objetivo teórico. Buscaba que cada capa dialogara con la siguiente sin ruido, sin competir. Tonos suaves, transiciones mínimas, un equilibrio que se construye mirando más que corrigiendo. En este caso, la idea de “mar-abajo / cielo-arriba” no está planteada como paisaje, sino como una forma de situar al espectador en una vertical calmada.
Un proceso que se deja ver
Hay algo que me interesa especialmente de este trabajo: que muestra los tiempos del proceso. No oculta el secado, ni los bordes que se levantan, ni la acuarela que decide quedarse donde no la esperaba. Lo que termina quedando es, en parte, lo que hice… y en parte lo que la materia quiso hacer.



DelaTierra es una pieza construida así: no desde una idea cerrada, sino desde la acumulación de decisiones pequeñas.